Codeine
Frigid Stars
1990
Sub pop / Numero

Si alguna vez has sentido que el mundo se mueve demasiado rápido y quisieras ralentizarlo hasta el punto de la inercia, Frigid Stars es ese disco que hace falta en tu colección. Lanzado en 1990, este álbum puso en marcha lo que hoy conocemos como slowcore,  y se convirtió en una de las expresiones más puras de la tristeza encapsulada en sonido.

Codeine llegó en una época en la que el indie rock estaba acelerando el pulso con distorsión y ruido, pero ellos decidieron hacer exactamente lo contrario: bajar las revoluciones, dejar que cada acorde se prolongara hasta doler y construir canciones que no parecían moverse por voluntad propia, sino por el peso mismo de la melancolía. Frigid Stars es un disco que suena a quedarse despierto a las 3 a.m. mirando el techo, habitando una ciudad helada, respirando la última bocanada de aire en una relación que muy seguramente ya no tiene arreglo.

Desde el primer golpe seco de batería en “D”, el álbum establece su tono: lento, meticuloso y desolador. Las guitarras son tan limpias que duelen, los bajos se arrastran como si estuvieran exhaustos y la voz de Stephen Immerwahr es un murmullo resignado, como si cantar fuera un esfuerzo demasiado grande. No hay épica, no hay explosiones emocionales; solo la tristeza en su estado más puro.

“Gravel Bed” y “New Year’s” son prueba de que Codeine no necesitaba complejidad para devastar: estructuras simples, silencios incómodos y una distorsión que entra cuando es absolutamente necesaria. “Pea” es una de las canciones más representativas del slowcore: una melodía mínima, una progresión repetitiva y una sensación de vacío que se siente más grande con cada repetición.

Pero el punto más brutal del disco llega con “Cigarette Machine”, que es lo más cercano a una balada que el nihilismo puede ofrecer.  Una canción que suena a despedida, pero no a una con lágrimas, sino a una donde ya no queda nada por decir.

Si Frigid Stars tuviera un color, sería el gris pálido del concreto mojado en invierno. Es un disco que no te abraza, sino que te deja ahí, en el frío, hasta que decides acostumbrarte o morir. No es música de regocijo, es música devastadora, es un álbum que nunca busca complacer ni ofrecer alivio. Pero si alguna vez has sentido que el tiempo se congela cuando la tristeza se instala, Frigid Stars es probablemente el disco que debes escuchar.